TIJUANA, B.C.– Como parte del programa de festejos por el 37 aniversario del Centro Cultural Tijuana, organismo de la Secretaría de Cultura, la directora general de la institución, Dra. Vianka R. Santana, inauguró Bronces, exposición del escultor mexicano Jorge Marín, este viernes 18 de octubre.
Momentos antes de la apertura de la muestra, la Dra. Robles Santana celebró la presencia del maestro Marín y sus Bronces, que incluyen las célebres Alas que han sido exhibidas en 27 ciudades de cuatro continentes y que ahora lucen frente al Domo IMAX, con lo que “podríamos decir que el CECUT los espera con las alas abiertas”, dijo.
Acompañada por el artista, la presidenta de la Fundación Jorge Marín, Elena Catalán, y como invitada especial la directora del IMAC, Minerva Tapia, la funcionaria federal señaló que la llegada de las Alas “permite refrendar el compromiso de echar a volar los programas que faciliten a todos los sectores tener acceso al derecho a la cultura” y al mismo tiempo “echar a volar la imaginación y todos los recursos de que seamos capaces para redimensionar el trabajo de los artistas y creadores mexicanos”.
La exposición del maestro Marín “tiene una significación especial” para la institución, precisó la Dra. Robles Santana, “porque el CECUT es y ha sido siempre un punto de vuelo, un escenario de arranque para muchas generaciones, un espacio de partida para los creadores en todas las disciplinas”.
“Hoy, en el contexto de una República que busca reinventarse bajo nuevos esquemas, bajo la premisa de la equidad, pero también en la convicción de que a través del arte y la cultura se generan los cambios verdaderos, la llegada de la obra de artistas con un alto y claro sentido de compromiso social, de corresponsabilidad con sus audiencias, nos permite a nosotros, como institución, completar el círculo virtuoso de la promoción, la gestión y la divulgación cultural”, sostuvo la directora general del CECUT y remató: “Sin los artistas y sus obras estos espacios carecerían de significado y sentido”.
A su vez, Elena Catalán, presidenta de la Fundación Jorge Marín, explicó que Bronces es una recopilación de la obra del escultor mexicano de los últimos siete años, en “la que podemos observar la iconografía tan característica del autor, este vehículo que para Jorge Marín es el propio cuerpo humano, este estudio anatómico, fisonomías humanas tan diversas en las que podemos encontrar esculturas con rasgos indígenas que nos hablan de nuestras propias raíces, pero también vamos a encontrar estos cuerpos que siempre están desafiando el equilibrio”.
Tras elogiar la museografía de Bronces que, dijo, “nos hace entrar en un estado muy íntimo en el que vamos descubriendo la obra y vamos viendo cómo aparecen esos volúmenes a la vista del espectador”, Catalán señaló que la exposición juega también “con la dimensión de la propia obra, en la que podemos apreciar piezas que no rebasan los 50 centímetros de altura hasta obra monumental que va más allá de la escala humana y media”.
La presidenta de la Fundación Jorge Marín invitó al público a hacer suyas las Alas montadas en las escalinatas del Domo IMAX y a entablar un diálogo con esta pieza como lo han hecho multitudes en las 27 ciudades que las han albergado y en las 13 urbes donde se exhiben en forma permanente.
Según lo pudo apreciar el público que acudió la noche de inauguración, cada pieza del maestro Marín ofrece múltiples motivos para la observación paciente, el examen minucioso, el análisis detenido de los innumerables detalles que contienen y los simbolismos que insinúan.
Figuras aladas con el rostro cubierto por máscaras angulosas que les dan apariencia de aves que están a punto de abandonar el instantáneo reposo en que se encuentran, encima de esferas pulidas en las que guardan delicado balance, pueblan esta colección de esculturas alojada en la sala 1 de El Cubo.
Más que del metal del que están hechas las 20 piezas que comprende la muestra, sus componentes esenciales remiten a las nociones abstractas que les dan sentido y sustento: volúmenes en equilibrio, tensión manifiesta, contrastes entre la levedad de las alas y el peso del metal, acción suspendida, la inminencia del instante, enigmas que incitan a la reflexión.
Lo mismo en las pequeñas esculturas que en las piezas de gran formato son visibles varios rasgos comunes, entre ellos, la tensión muscular manifiesta en anatomías humanas delineadas con toda precisión, como si las figuras hubiesen sido esculpidas en la inminencia de la acción y mostraran por ello nervaduras cargadas de tensión contenida, las alas crispadas cual si estuvieran a punto de ser desplegadas y dar el salto desde las esferas o bases rectangulares donde posa la mayoría.
En suma, como si el artista, más que representar figuras, se hubiera propuesto simbolizar ideas, abstracciones, en contraste con la concreción del metal que las compone: el movimiento inminente, el salto a punto de ser consumado, el instante preciso, antes de que el más leve cambio altere el esmerado equilibrio de sus esculturas.
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