** En el décimo aniversario de su fallecimiento, el Centro Cultural Tijuana rinde homenaje al escritor y periodista.
TIJUANA, B.C.- “Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos también. Los libros no maúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí”, reveló Carlos Monsiváis en alguna entrevista, y libros y gatos están presentes en el altar monumental que el Centro Cultural Tijuana, organismo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, dedica a la memoria del escritor y periodista en su décimo aniversario luctuoso.
Caso omiso, Posmoderna, Pío Nonoalco, Copelas o maullas, Fray Gatolomé de las bardas, Carmelita Romero, Evasiva, Nana Nina Ricci, Chocorrol, Fetiche de peluche, Mito genial, Ansia de militancia, Miau Tse Tung, Miss oginia, Miss antropía, Zulema Maraima, Voto de castidad, Catzinger y Peligro para México son algunos nombres de los gatos que le hicieron compañía a Monsiváis y que en el altar están representados mediante figuras de papel maché creadas por Nury Segura San Román, maestra del Programa de Cultura Comunitaria del Cecut.
Con sus 10 metros de altura, por 11 de ancho y 6 metros de profundidad, el altar representa algo parecido a la ascensión del alma monsivaisiana a un plano etéreo, acompañado por sus libros y sus no menos amados gatos.
Diseñado por el equipo de Museografía del Cecut –compuesto por José Gabriel Terrones, autor de la caricatura que luce en ambos lados del altar, José Guadalupe Sandoval, José Manuel Ramos y José Antonio Jaime Galaviz–, apoyado por personal de Atención al Público y Servicios Generales, el altar ocupa parte del vestíbulo del edificio principal del Cecut, que aparece profusamente decorado con papel picado, medallones con la imagen de la Catrina, guirnaldas fúnebres y manojos de flores de cempasúchil.
Para rematar el conjunto, en uno de los extremos del inmueble luce como Pieza del Mes una foto que reproduce la parte central del mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda”, en la que aparece la figura de la Catrina tomada del brazo de su creador, el grabador José Guadalupe Posada, al lado de Diego niño.
Todo ello dedicado a la memoria de Carlos Monsiváis, un personaje muy cercano a la cultura fronteriza, figura frecuente en Tijuana y visitante asiduo del Cecut, cuyo altar monumental se mostrará inicialmente en medios digitales a partir de los primeros días de noviembre, y cuando existan condiciones de seguridad sanitaria podrá ser visitado por grupos reducidos, en horarios escalonados, con estrictas medidas de protección y entrada libre.
Nacido en 1938 en la Ciudad de México, Carlos Monsiváis consagró buena parte de su vida a analizar la cultura mexicana y latinoamericana, a coleccionar miles de piezas que dan cuenta de la historia de nuestro país y a contribuir a sentar los pilares de diversos movimientos sociales que dieron origen al México democrático contemporáneo.
Como cronista, una de las especialidades literarias en las que su pluma alcanzó grandes alturas, Monsiváis es autor de títulos como Días de guardar (1970), Amor perdido (1977), Entrada libre (1987), Escenas de pudor y liviandad (1988), Los rituales del caos (1995), El 68, la tradición de la resistencia (2008) y Apocalipstick (2009), títulos que se pueden apreciar en el altar.
En sus textos, el autor exhibe su laboriosa habilidad para capturar el devenir histórico del país y describir el dinamismo de la sociedad mexicana en todas sus aristas: la política, los movimientos sociales, la cultura popular, el poder, los grandes personajes históricos, las costumbres, la moral y el erotismo.
Junto con el Monsiváis cronista y el Monsiváis ensayista, coexiste un agudo crítico cultural cuyo trabajo lo convierte en uno de los más importantes en México y si bien su obra se aleja de la narrativa, también es autor de Nuevo catecismo para indios remisos (1982), su único libro de ficción literaria que se compone de fábulas que abordan las relaciones entre evangelizadores e indígenas.
Sus libros también incluyen temas biográficos como es el caso de Lo marginal en el centro (2000), Yo te bendigo vida(2002) y Adonde yo soy tú somos nosotros (2000).
Con su aguda pluma y sentido del humor único logró registrar la cambiante y móvil cultura mexicana y latinoamericana con una visión en la que la dicotomía y las fronteras entre alta y baja cultura se desvanecen.
La obra de Carlos Monsiváis se caracteriza por no aislarse del mundo y la realidad convulsa y cambiante que lo rodea. El centro de su producción literaria, la crónica y el ensayo, permite a Monsiváis no solo registrar y analizar la cultura mexicana y latinoamericana, retratar e hilar la historia cultural de la Ciudad de México y sus personajes, y convertirse en una autoridad intelectual, sino a la vez formar parte de una serie de movimientos sociales con los que compartía época e ideales. De esta manera, Monsiváis logró convertirse en una voz consecuente y en uno de los intelectuales de izquierda más importantes del siglo XX.
Tras años de una fragorosa vida intelectual, Carlos Monsiváis falleció a causa de fibrosis pulmonar el 19 de junio de 2010 a los 72 años. Con su muerte, quedaron huérfanos más de una docena de gatos, cuyas figuras aparecen representadas en este altar monumental al lado de sus libros.
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