MÉXICO.- La primera Copa del Mundo organizada por México en 1970 generó una fiesta nacional, no sólo por la ilusión de lo que podría hacer la selección mexicana de futbol, sino por lo que representaba albergar un evento de esa magnitud.

Ignacio Basaguren, elemento del Tri que disputó dicha competencia, recordó el impacto que tuvo la designación de México como sede de un Mundial, algo que se dio a conocer el 8 de octubre de 1964 en Tokio.

“Claro que lo recuerdo, nada más que yo estaba en un convento, quería ser sacerdote. Estaba en un convento Jesuita, por eso me dicen ‘El Fraile’, y en el año 64 cuando se anuncia que México sería sede, yo estaba encerrado, dedicado a la oración y ahí había algarabía, ahora imagínate en todo México”, dijo.

En entrevista con Notimex, el ex jugador del Atlante afirmó que a su salida del resguardo religioso la ilusión en todo el país era impresionante.

“Yo salgo de la compañía y está de frente el Mundial, era una expectativa gigantesca, era la primera vez que México se mostraba al mundo como gran organizador de eventos internacionales, así que todo el mundo estaba al pendiente”, apuntó.

Explicó que pese a que estaban frescos los hechos del 2 de octubre de 1968, fue algo que no empañó el ambiente festivo que se vivió desde tiempo antes del partido inaugural.

“Los sucesos de la matanza del 2 de octubre no influyeron en los Juegos Olímpicos porque era prioridad nacional y del mismo modo, aunque el presidente (Gustavo) Díaz Ordaz inauguró el Mundial en medio de chiflidos, el mundial se hizo, así que todo eso provocó que la gente estuviera muy atenta”, acotó.

Destacó la amplia y profesional preparación que tuvo el equipo bajo el mando del entrenador Raúl Cárdenas, pero que tuvo como origen el trabajo de Ignacio Trelles.

“Ignacio Trelles, que es el primer técnico, digamos que empezó a profesionalizar el futbol mexicano, antes de Trelles el futbol mexicano era de cuates, se entrenaba dos veces por semana, todos gordos y todos tenían otras profesiones, después con Nacho Trelles había concentraciones muy amplias”, expresó.

Manifestó que la concentración “del Mundial duró seis meses, en todo ese tiempo yo no fui ninguna noche a dormir a mi casa y así mis compañeros, ese fue el precio que pagamos los jugadores por estar en el Mundial de México y representar a nuestro país”.

Explicó que ese deseo por jugar un Mundial no era compartido de la misma manera por todos los jugadores, ya que se dio un problema por el tema de los premios económicos.

“Hubo un intento de huelga promovido por los que venían del Mundial de Inglaterra (Enrique Borja, Aarón Padilla e Ignacio Calderón) por qué querían más primas y otras cosas. Los que no, hicimos un grupo opositor porque no queríamos perdernos el Mundial a ningún precio, hubiéramos jugado gratis y ahí Guillermo Cañedo serenó a todos”, resaltó.

De cara ya al debut del equipo el 31 de mayo de 1970 ante la desaparecida Unión Soviética, Basaguren destacó la expectativa hacia el combinado nacional.

“Cuando salimos para el primer partido contra Rusia, estábamos en el centro de capacitación, a un kilómetro del estadio Azteca. El camión no pudo salir porque el río de gente era tal que abarcaba las dos calles de la avenida (Circuito Azteca), por lo que se tomó la decisión de que camináramos”, acotó.

Explicó que caminaron junto con la gente “del Centro de Capacitación al estadio (Azteca), nadie nos pidió un autógrafo, se pegaban con nosotros y nos daban ánimos, decían que era nuestra oportunidad y esa euforia, esa expectativa era tan grande que parecía que no caminábamos, sino que nos llevaban”.

“Además era una gente diferente, no la gente de todos los días del estadio, la que viene a beber cerveza y a insultar con gritos discriminatorios a los jugadores, era gente que venía a un espectáculo nunca visto en México que valía la pena pagar”, concluyó.